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| El MEJOR Cheesecake del Mundo. |
El año era 1977, y yo era una estudiante mexicana en Montreal tratando de aprender inglés.
Mi padre trabajaba en el ahora desaparecido Banco de Comercio Exterior, y su maestra de inglés , la encantadora Claudine, ofreció encontrarme un hogar para que yo pudiera vivir aquí y aprender inglés.
Nadie le dijo a mi papá que el 96% de la población aquí hablaba francés.
El caso era ayudar al jefe (mi padre) a ejecutar el Plan B para su primogénita; había terminado la preparatoria -en la libre- y a pesar de nuestro optimismo, no pasé el examen de admisión en la entonces tan famosa Universidad Íbero.
Así que si Claudine podía hacer la conexión con Canadá, la tomaríamos aun si Montreal no era el lugar indicado para aprender el idioma anglo.
Tarde 2 semanas en darme cuenta en donde estaba. Y lo que era peor: la calle era circulada por damas de la noche a partir de las 9 am.
Me inscribió en una escuela de 4a categoría donde un maestro griego con fuerte acento y fuerte olor a sobaco, intentaba enseñarme ingles.
Pedí auxilio.
Muy a su pesar, Mme. Legaux me llevo a su casa, Claudine debió de
haberle suplicado a su madre.
Benoit, el hermano menor de Claudine me hizo sentir no bienvenida desde el primer día.
El infeliz no sabía que yo contaba con el inigualable entrenamiento de dos hermanos con los cuales -a pesar que hoy ya no es así, entonces- peleaba como perros y gatos. Su sarcasmo e intención por ofenderme y burlarse no hacían mella en mi. Llevaba ya 18 años de entrenamiento.
Un día, Magaly, una vecina acapulquéña que vivía cerca de Mme Legaut, me invito a la clase donde ella enseñaba Español para adultos.
Magaly estaba casada con un Quebecois (nativo de Quebec) que conoció cuando el fue a vacacionar a ese puerto.
En su clase conocí a Marina. Fue amor a primera vista.
En mi vida he tenido la suerte de hacer -la mayoría de las veces, aclaro- "click" con las personas. Pero nunca jamas como con Marina.
Era como si dos viejas amigas se hubieran encontrado y celebraban gozosas este encuentro, a pesar de la diferencia de edades y circunstancias: yo, una inexperta estudiante mexicana, que cada minuto se asombraba de las cosas tan diferentes y maravillosas de Canadá, y ella de 46 años, viajera incansable a Cuba, donde practicaba su español, esposa de Jules y madre de Denise, Sylvie y Carole.
Tenía yo un año menor que su hija mayor, y aseguro que nunca encontré otra mujer con la que yo pudiera platicar mas a gusto.
Marina me invito a su casa a cenar para conocer a su familia, ahí les conté mis aventuras con los Legaut y ellas (porque a Jules, siempre le parecía maravilloso todo lo que sus 4 mujeres decidieran) acordaron que lo mejor era que yo me fuera a vivir a su casa.
Mis padres no sabían nada de los Allard, pero debí de hablar con tanto entusiasmo de esta maravillosa familia y cuan infeliz era yo en la otra, que accedió a dar el permiso, y al día siguiente me cambie de casa.
Todos felices: Los Lagaut, Los Allard, y la Medina.
Mi año en Laval, la ciudad a 30 minutos de Montreal donde los Allard vivían, fue, sin lugar a dudas uno de los años mas felices de mi vida.
Dejé de venir a la ciudad, y Marina me inscribió en la secundaria local, donde tome cursos de arte y francés, y conocí a muchas personas encantadoras.
Aprendí suficiente inglés, pero llegué a hablar francés con mucha fluidez.
A Montreal venia poco.
Pero cuando venía, iba yo directo a DUNNS, una linda cafetería que anunciaba "Nuestro Cheesecake es.. fuera de este mundo".
Y si que era verdad. Costaba casi $5.00 dlls, una fortuna en aquel entonces, y a pesar de ser súper tragona, jamas pude acabarme un pedazo.
Nunca se me ocurrió compartir con nadie, porque como hasta la fecha, es más fácil que yo te de prestado mi auto que dejarte meter un tenedor o cuchara a mi plato.
Pero después del Cheesesake de DUNNS, nunca ningún otro me supo tan bueno.
Y mira que lo he buscado en NY, California, París, México DF, Munich, Vancouver...bueno, hasta parezco canción de Juan Luis Guerra! Pero nada se comparaba con ese sabor tan prendido en mi corazón y mis papilas gustativas.
Ayer, 36 años después, regresé con mi hija menor exclusivamente a repetir la experiencia viva aun en mi mente. Café y pastel, nada mas.
¿Sabriá igual? O ¿era solo mi imaginación que había agrandado un recuerdo? Después de todo, el cheesecake de DUNNS fue el primer pastel de queso que comí en mi vida!
El lugar no era tan lindo como lo recuerdo en 1977.
Pero el pastel era exactamente todo lo que mis amorosos recuerdos guardan. He estado tratando de igualar ese sabor, esa textura, en muchos otros lugares. Este es el pastel de queso de mis sueños.
Con cada bocado me estremezco.
Mi mente no me engañó, no había yo exagerado. ¡Es realmente fuera de este mundo! Y sabe a delicioso y cremoso queso, pero en pastel.
Y como hace 36 años, fui incapaz de terminar una rebanada
| Igual, después de 36 años! <3 td="">3> |







1 comentario:
Ay dios! agregando a mi lista de "debo de" ese lugar :) amo los cheesecake!
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